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todología aplicada

Vale, lo dejo. Abandono. Me he equivocado de profesión. Mejor aceptarlo cuanto antes. Eso es lo que se me pasa por la cabeza en bucle como si fuera esa típica canción del verano de la que solo te sabes el estribillo.


El ordenador de mi cabeza se me ha quedado bloqueado en esa página cuando se me ha ocurrido contarle a un viejo amigo que me he hecho copywriter. ¿Te pasa que a veces abres la boca y según salen las palabras te das cuenta de que era el público equivocado y ahora se te viene encima la tormenta perfecta y que, claramente, calladita estás guapísima? Tal cual.


El tío es de esos positivos que con dos frases te hunden la vida. Un auténtico todólogo que se ha sacado el título de Máster Superior en Todología por la Universidad de Yo lo sé todo y alguna cosa más, que no parará hasta rebatir tu opinión e incluso la suya propia porque ya ni se acuerda de lo que te ha dicho al principio.


Aunque no sepa muy bien cómo hemos llegado hasta aquí, sí sé que ahora mismo me quiero ir a casa a llorar en un rincón. Le he dicho que estaba acabando una certificación para hacerme copywriter y le he explicado (aunque él ya lo sabía, como todo) que eso quería decir escribir textos con métodos de escritura persuasiva para ayudar a otros profesionales a que sus textos consigan más clics.


Perdiendo (como suele hacer) la oportunidad de animarme en mi nuevo proyecto y alegrarse por mí, Mr. Qué-me-vas-a-contar-a-mí me suelta esta prenda para que la digiera yo sola:

“¡Pero si la gente no lee!”.


la era de la imagen







Jarro de agua fría. Empiezo a buscar el balcón del que tirarme y reviso las condiciones de la certificación, por si aún me pueden devolver el dinero (aunque sospecho que en la última semana de curso, después de tres meses de lecciones, tutorías y dar la vara a las profes como si les fuera la vida en contestar a mis preguntas, les puede parecer un poco tarde…).

Con el mal rollo encima y preguntándome todavía qué voy a hacer ahora con mi vida, llego a la oficina, me instalo y enciendo el ordenador:


- Abro el email y LEO los correos nuevos. Tengo proyectos nuevos y empiezo por LEER las instrucciones que me han mandado para organizarlos.

- Oigo el pitido del chat de Slack que compartimos para el curso, dedico unos minutos a LEER las novedades de lo que han hecho mis compañeros y lo que dicen mis profesoras.

- Ahora es WhatsApp el que me manda una notificación, mi amigo Fer manda quince chistes que acaba de encontrar en Internet. Los LEO todos.

- Después de un rato de trabajo, abro LinkedIn y me paso la siguiente media hora LEYENDO un artículo de una amiga que me lleva a un blog sobre marketing digital que me interesa mucho, donde LEO varios artículos del tirón.

- Consulto la Wikipedia para LEER sobre un tema que comentan en una de las publicaciones.

- Finalmente acabo echando un vistazo a Twitter, donde LEO que mis cómicas favoritas se pasan por mi ciudad pronto.


Un momento. ¿No es esto mucho leer para una era en la que se supone que ya no leemos?

¿Podría ser que en la Universidad de Todología avanzada se les hubiera pasado por alto revisar la realidad antes de dar lecciones?

¿El correo, las redes sociales, las páginas web, la Wikipedia y todo lo demás no es mucho leer para ser gente que no lee? ¿Será más bien que no leemos lo que no nos resulta atractivo porque hoy en día hay muchas cosas que leer?

No obstante, mejor lo guardamos tú y yo en secreto, que, si se lo cuento a mi amigo el todólogo, después de media hora y muchas ganas de suicidarme o matarlo a él, es muy probable que siga sin saber exactamente lo que opina.

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